Obi Bar: un encantador secreto oriental junto a las vías

Lucio Farías no es japonés pero se siente japonés, y lo hace notar en sus recetas, preparadas y servidas con dedicación y tranquilidad

En esa extraña vereda sobre la Avenida Santa Fe y Ravignani, junto al puente que cruza las vías de la estación Carranza, uno puede esperar que haya alguna verdulería, una pizzería, una peluquería y hasta tal vez una panadería. Pero sorprendentemente, si lo buscamos, nos encontramos con  que Obi Bar, un íntimo y pequeño restaurant con sólo cuatro mesas adentro, tres en la vereda y una ambientación minimalista (lucecitas rojas, espejos y cuadritos con imágenes japonesas), se esconde aquí como un punto ideal para una cita.

El chef a cargo es Lucio Farías: de padre y hermanos con cinturón negro en Karate, a él también le interesó siempre la cultura japonesa, pero lo suyo no son las patadas, sino las sartenes y los fondos de olla. Hace seis años, después de un recorrido laboral en restaurantes de alta gama y de cerrar El Beso (su anterior restaurante, y un pionero en traer cocina asiática a Buenos Aires) este simpático personaje abrió Obi, que parece una pieza de origami. La moza Kally me trajo la carta, y Lucio vino a explicarme que figuraban las opciones de primavera y verano, y que como ya era otoño, la estaba cambiando, por lo que no había más ensalada (al menos que la verdulería estuviera abierta), pero sí ramen, aunque no estaba entre las opciones. Ramen (sopa japonesa) era lo que había ido a probar, por lo que lo pedí como principal, y de entrada unas gyozas de pollo y langostinos ($80) (unos raviolitos orientales al vapor), servidos con una salcita deliciosa. El ramen de cerdo ($165), hecho a base de caldo casero, fideos de arroz, vegetales, hongos, salsa de soja, jengibre, y alguna magia más, me devolvió el alma al cuerpo. Como dice un amigo “sentís que estás comiendo algo sano, pero que no deja de ser delicioso”.  Existe la opción de pedir uno para compartir, ya dividido en dos bowls, para probar más variedad de platos. Las preparaciones no son recetas tradicionales japonesas seguidas al pie de la letra, sino que el chef pone su impronta usando también ingredientes locales. Llevan su tiempo, ya que Lucio es el único a cargo de la cocina y prepara todo en el momento, fiel al espíritu nipón. Pero la ambientación y la música hacen que la espera sea amena.

El menú cambia según la estación, aunque hay platos que no se van nunca como los donburi y noodles (fideos saltados) con vegetales; o con panceta, cherrys, pollo y champignon; o con frutos de mar. Para tomar vinos, cerveza, agua, gaseosas, té y café. También hay servicio de delivery.

Vale la pena visitar este rincón escondido junto a las vías, y saborear las delicias de un chef con trayectoria que decidió que la intimidad, la delicadeza y los buenos precios no tenían por qué ser excluyentes.

Obi Bar queda en Avenida Santa Fe 5259, barrio de Palermo. El teléfono es 4777-8279. Está abierto de lunes a sábados de 19 a 23:30.

Precios de mayo de 2017

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